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MENSAJE DEL DIRECTOR

DOMINGO 32 ORDINARIO

 

Pbro. Jorge Antonio Luna Casillas

 

 

“Creemos en la resurrección de los muertos”.

¿Qué sucederá si el hombre nunca pudiera obtener la felicidad? Que todos los seres sí obtendrían el objeto de su tendencia, y únicamente el hombre no. Sería algo muy raro, porque la naturaleza no hace las cosas truncas. Ahora bien, para que el hombre sea feliz, se necesita la posesión de un bien finito, y una vida sin enfermedades y sin muerte para poder gozarla. Luego hemos de esperar una segunda vida, y por tanto la resurrección de los muertos.  Y en el Evangelio de hoy encontramos la afirmación rotunda de Jesús sobre la resurrección de los muertos. Todavía más, nos descubre un poco cómo será la vida futura. Nos dice que viviremos como los ángeles, como hijos de Dios.  La iglesia por su parte, cada domingo del año, nos hace profesar el Credo, en el que uno de los artículos nos dice bien claro. “Creemos en la resurrección de los muertos”.  De hecho la resurrección de Cristo de entre los muertos, viene a ser como lo afirma san Pablo, la primicia y la garantía de la nuestra. La condición general que Dios nos pone para esa resurrección futura, nos la expresa  san Pablo con estas palabras: “Porque si nos hemos hecho una misma cosa con El, por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante”.  Seamos buenos o seamos malos, tenemos que trabajar, sacar adelante a nuestra familia, sufrir y morir. Si vivimos en estado de enemistad con Dios, nuestra vida de familia, nuestro trabajo, nuestros sufrimientos y nuestra muerte, no podrán contar para la vida futura: es riqueza tirada por la borda, desperdiciada.

Limpia la conciencia de pecado por la confesión sacramental es como le daremos valor a nuestra vida, y es el medio para hacernos una cosa con El. Más en particular, la condición para nuestra vida futura, la especifica el mismo Cristo cuando nos dice:

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”.

Nunca podremos evitar el mal y ser buenos, sobrenaturalmente buenos sin la ayuda de Dios. Y si Jesús se quiso quedar en forma de comida es para que entendamos, que así como una persona que no come ni bebe desfallece y muere, así, quien no comulga con frecuencia, se debilita a la vida de Dios que Jesús nos trajo, y acaba por perderse. Atendamos, pues al consejo que nos da san Pablo,  como programa para nuestra vida: que teniendo en el horizonte bien presente la gloria de Nuestro Señor Jesucristo, dejemos que el señor guíe nuestros corazones hacia el amor de Dios y la paciente espera de Cristo, firmes en la esperanza y en el consuelo de Dios y afianzándonos a toda obra y a toda palabra buena, y manteniendo las enseñanzas apostólicas.

 

 

EVANGELIO DEL DÍA

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