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MENSAJE DEL DIRECTOR

DOMINGO 27 ORDINARIO

 

Pbro. Jorge Antonio Luna Casillas

 

Sí tuvieramos fe como un granito de mostaza, diriamos a esa montaña: arráncate de raíz y plántate en el mar, y nos obedecería 

Pero viene inmediatamente la pregunta, ¿qué cosa es la fe? pudiéramos decir que la fe es la manifestación amorosa de Dios a la que responde el hombre con su aceptación. Es fruto de la gracia de Dios y del acto libre del hombre con su aceptación. Es fruto de la gracia de Dios y del acto libre del hombre. “La fe es un don de Dios que lleva consigo el don de toda persona”, diría Juan Pablo II, encontrando su plenitud en el amor, porque tiene la certeza del amor de Dios.  De parte de Dios, se cuenta con su amor incondicional, porque no mandó a su Hijo a condenarnos, sino para amarnos, para arrancarnos de nuestro egoísmo e introducirnos en la plenitud de su vida. El quiere que seamos de su casa y de su familia, y nos invita a sus brazos para que nos invada su gozo y su paz. De parte nuestra implica una donación personal que orienta nuestra vida toda en forma permanente hacia Dios.

 

            Por la fe confiamos en Dios y en Jesucristo como principio de nuestra existencia, como el ser único que puede dar sentido a nuestra vida: efectivamente, con la fe, nuestra vida cobra valor y trascendencia; nuestro amor  terreno, como participación del amor divino, viene a ser la donación desinteresada de nosotros mismos; el dolor nos da la conciencia de una gran responsabilidad por su eficacia redentora, en unión con el sacrificio de Cristo; y aun la misma muerte, se convierte en la pérdida de lo efímero para poseer el ser infinito, para llegar al amor sin fronteras. Por eso decía san Pablo: “para mí vivir es Cristo y la muerte es ganancia “.

            Por lo tanto, la fe en Dios y en Jesucristo, su Hijo, ha de ser la estrella polar que oriente el rumbo de nuestra existencia. Y con san Ignacio de Loyola tomemos como motivo único y definido de nuestras decisiones particulares, lo que más conduzca a la gloria de Dios.

            Si llegáramos a tener la nueva visión de Cristo, llegaremos a ser más libres para crecer, para amar, para experimentar más la vida, aun la vida mística que es la más alta cumbre del ser humano, cuando se uno con Dios. A esto nos llama san Pablo, cuando nos dice: “siendo sinceros en el amor, crezcamos en todo, hasta aquel que es la cabeza, Cristo”. Y este esfuerzo por convertirse a Dios y por crecer, lo hemos de prolongar hasta el último día de nuestra existencia.

            La fe es también amor. La fe es una entrega total a Dios, la que o puede realizarse si no existe un gran amor. La fe es la aceptación comprometida del plan salvador de Dios.

 

 

 

EVANGELIO DEL DÍA

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