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MENSAJE DEL DIRECTOR

SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 

 

 

Pbro. Jorge Antonio Luna Casillas

  

Un maestro exigente…

 

           

            Precisemos la postura de Jesús frente a la ley antigua. Intentemos fijar algunos puntos:

1.  No ha venido a abolirla, a declararla en decadencia, sino a <darle plenitud>. Podemos decir: llevarla hasta las últimas consecuencias. No es cuestión, pues, de añadiduras, sino de descubrimiento de la intención de Dios. Cristo es el más exigente. Pero no en el sentido de la cantidad, sino de la radicalidad. Ni la aligera ni la hace más pesada. Sino que revela las implicaciones profundas de los mandamientos de Dios.

  1. Jesús evita las deformaciones del legalismo, de la casuística. El cristiano no es el hombre de la minucia, sino de la totalidad .
  2. El maestro denuncia sobre todo el equivoco del formalismo. No le interesa simplemente la observancia disciplinar, el orden, el funcionamiento, que todo esté en regla. El va a la raíz, al centro. El sermón de la montaña no produce personas de bien, irreprensibles. Crea individuos fieles a través de la adhesión, desde dentro, a la voluntad de Dios.

 

            La ética  de Cristo dirige todo hacia la interioridad.A este respecto son típicas las antítesis que nos proponen en el texto del evangelio de hoy sobre los puntos específicos:  no matar, el adulterio, el divorcio y los juramentos.  Una religión formalista y legalista se preocupa exclusiva y obsesivamente  de la buena o mala conducta desde un punto de vista exterior, fijando y multiplicando normas y reglamentos. Cristo  identifica  el  pecado,   lo  desaloja   de   su escondite   más  secreto: el corazón del hombre. La ley imponía: no al asesinato. Pero yo les digo: no a la cólera, al  odio en el corazón, no al desprecio al otro.

            La ley antigua condenaba el adulterio. Pero yo les digo: no a la concupiscencia, no a los deseos deshonestos. También los deseos ensucian, no sólo las acciones.          La ley antigua sancionaba el divorcio en determinadas condiciones, respetando ciertos procedimientos. Pero yo les digo: la entrega al otro debe ser total, incondicionada, gozosa, sin reservas, sin egoísmos. En una palabra, el matrimonio como compromiso serio, fidelidad, signo luminoso del amor mismo de Dios. La indisolubilidad, no sancionada por una norma jurídica, sino confiada a un lazo mucho más fuerte: el establecido por las motivaciones profundas del corazón de un discípulo, dispuesto a ir hasta el fondo.

 

            Decididamente, Jesús Maestro exigente hasta el exceso. Y, sin embargo, estamos llamados a elegir, el camino de Dios, o el camino incierto del hombre.

EVANGELIO DEL DÍA

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