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MENSAJE DEL DIRECTOR

III Domingo Ordinario

 

Pbro. Jorge Antonio Luna Casillas

 

"Hay que descubrir la voz de Dios que nos habla, y darle una buena acogida a su mensaje”

            Nos quejamos de que Dios no nos oye, o no nos contesta, cuando en realidad no le hemos hablado, o no hemos querido escucharlo.  Hoy, igual que antes sigue comunicándose a los hombres, pero hay que descubrir su voy y darle una buena a cogida a su mensaje: Basta abrir los ojos a la naturaleza para descubrir la voz de Dios que nos expresa su inmenso cariño: ahí está la majestad de una noche estrellada, la hermosura de una salida de sol  Allí vemos la abeja y otros insectos resolviendo arduos problemas matemáticos. Ahí están los laboratorios de las hojas en las plantas, que a partir de las mismas sales minerales del suelo, con la energía del sol, producen los distintos colores de las flores, los distintos granos y frutas de que nos alimentamos… Todo esto para citar uno cuantos ejemplos. Dios nos habla también a través de los acontecimientos de la vida real, familiares o personales, lo mismo que a través de los distintos fenómenos sociales que van caracterizando las épocas o que manifiestan una necesidad.  Se llaman los signos de los tiempos.  Pero también en un momento dado del tiempo, el Hijo de Dios nos ha venido a manifestar su voluntad y a revelarnos los misterios de Dios. Alguna veces Dios nos llega a hablar directamente al fondo de nuestro corazón, sin que veamos ninguna aparición y sin que oigamos ruido de palabras.        Y la persona a quien Dios se comunica en esta forma, sabe perfectamente que es Dios el que le habla y entiende también con toda claridad lo que El le quiere comunicar. Pero el verdadero problema no es que Dios nos hable, sino en cómo recibimos su mensaje. 
            Vamos a poner otras comparaciones: el campesino tiene que preparar la tierra y ablandarla antes de poner allí la semilla.  Esa tierra, al recibir el grano, lo abrigarla, lo alimenta y le da calor.  Sólo así es posible la germinación.  En esta forma, para que germine la palabra de Dios, hemos de abrigarla, alimentarla y darle calor.
            La palabra de Dios la hemos de escuchar de tal manera que nos dé la posibilidad de fructificar en la práctica de la caridad fraterna.  El pueblo, después de leer la ley,  participa de la reflexión de dicha palabra, por su parte nuestro Señor Jesucristo anuncia el cumplimiento de la profecía, porque se le ha enviado a anunciar la libertad a los oprimidos y a los ciegos la vista.

 
            La palabra de Dios la hemos de escuchar con alegría, porque El es nuestra fortaleza, gozo y paz en el Espíritu Santo. Como bautizados formamos parte del cuerpo de Cristo, como confirmados quedamos constituidos soldados de Cristo.  Por esto debemos escuchar la palabra de Dios como una verdadera caja de resonancia, haciéndonos eco de su voz.  En otras palabras: a nosotros nos toca ser la luz y liberación para otras personas.  Como parte integrante de la Iglesia, nos toca ser responsables de la continuación de la obra de Cristo en el mundo.

EVANGELIO DEL DÍA

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