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MENSAJE DEL DIRECTOR

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Pbro. Jorge Antonio Luna Casillas

 

 

  

“Velar y estar atentos, velar y vigilar, velar y orar”

Comienza un nuevo año litúrgico.  El año litúrgico es un ciclo de tiempo en el que la Iglesia recorre todo el misterio de Cristo desde su nacimiento a su regreso al final de los tiempos.  Dentro de este período hay unas etapas más breves como son las cuatro semanas de Adviento que iniciamos hoy, como preparación a la Navidad.

En el tiempo de Adviento la Iglesia despierta en nuestra conciencia el recuerdo de los pecados que tristemente cometimos; nos exhorta a que, superemos los malos deseos, nos recojamos dentro de nosotros mismos con meditaciones, y con ardientes deseos nos movamos a convertirnos a Dios, que es el único que puede, con su gracia, librarnos de la mancha del pecado y de los males, que son sus consecuencias.

            Estar atentos significa estar como estirados o proclives hacia.  Nosotros debemos ser como personas que se ponen un punto de mira, que se fijan un blanco, una meta.  ¿hemos visto alguna vez a un cazador en el momento de poner el punto de mira? ¡qué atención y qué concentración!  He aquí, cómo deberíamos estar nosotros. No para abatir a un pobre pájaro, sino para no fallar el blanco de toda una vida, que es la eternidad.  En efecto, nosotros estamos destinados a la eternidad.  ¿Para qué serviría vivir bien y durante prolongado tiempo, si no nos fuese dado vivir para siempre?.

            La oración es el contenido principal de la vigilancia. Entre el rumor de las voces que nos llegan de todas partes y nos distraen.  Velar o vigilar significa en ciertos momentos, imponer silencio a todo y a todos, apagar todo “audio” o escucha, para situarse ante la presencia de Dios, volver a encontrarse consigo mismos y reflexionar sobre la propia vida. Orar es estar en el umbral desde donde se puede echar una mirada sobre el otro mundo, el mundo de Dios.  Es “pasar de este mundo al Padre”.

            No sirve consolarse diciendo que nadie sabe cuándo será el fin del mundo.   Hay una venida, un retorno de Cristo, que tiene lugar en la vida de cada persona , en el instante de su muerte.  El mundo pasa, termina, para mí en el momento en que yo paso del mundo y termino de vivir.  ¡Hay bastante más “fin del mundo” que esto!   Hay tantos fines del mundo cuantas son las personas humanas, que dejan este mundo.  Dios  nos quiere bien y por amor no quiere perdernos, por eso no cerremos los ojos y miremos a Cristo el salvador próximo a nacer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EVANGELIO DEL DÍA

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