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MENSAJE DEL DIRECTOR

XV Domingo Ordinario.

 

Pbro. Jorge Antonio Luna Casillas

 

El Evangelio de este domingo comienza así: “En aquel tiempo, llamó Jesús a los doce y los fue enviando de dos en dos”.

 

         Ya en estas palabras está contenida una noticia importante: “Los fue enviando”.  Es el inicio del envío de los apóstoles.  Hasta ahora ha sido sólo El, Jesús, a predicar el Reino.  Los discípulos le seguían, escuchaban, aprendían, hacían por así decirlo el aprendizaje.  Ahora son enviados ellos.  Si hasta ahora el verbo, que Jesús usaba más frecuentemente con relación a sus discípulos era “Venid”, ahora es “Id”.  De la llamada se pasa al envío.  Es un preludio del futuro envío solemne de los apóstoles, en el momento de dejar este mundo, cuando les dirá: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación”. (Marcos 16, 15).

 

         La primera y más común forma de evangelización consiste precisamente en esto: en explicar a quien nos lo pide o a quien está dispuesto a escuchar:  Por qué esperamos en Cristo, quién es Jesús para nosotros, cómo y por qué nos hemos “convertido” a la fe.  Las palabras “con dulzura y respeto” excluyen la insistencia excesiva, la falta de respeto a las convicciones religiosas, que dicha persona ya tiene (las cosas que más fastidian de todas en ciertas sectas es que van de casa en casa o paran a las personas por la calle); no excluyen, sin embargo, la valentía y la inventiva. 

 

         Hoy más que nunca resuena la pregunta ¿quién debe evangelizar? Y la respuesta es todos, no sólo los sacerdotes y cómo evangelizar (con el amor y también, cuando es posible, con la palabra).  Digamos igualmente una palabra sobre dónde evangelizar:  Hoy ¿cuáles son, para los laicos las “aldeas y poblados” a donde Jesús les envía?  Para algunos estas aldeas pueden ser poblaciones exteriores, lejanas, para la mayoría “el pueblo” y el “lugar” están muy cercanos.  Son el puesto de trabajo, las amistades, su misma familia.

 

         Leyendo el  Evangelio llama la atención una cosa.  A un joven, que le preguntaba qué debía hacer para salvarse, un día Jesus respondió:  “Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los  pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme” (Marcos 10, 21).  Al contrario, a otro joven, que quería dejarlo todo y seguirle, no se lo permitió, sino que le dijo: “Vete a tu casa, con los tuyos y cuéntales lo que el  Seños ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti” (Marcos 5, 19). El Señor Jesús a cada uno nos destina un trabajo especifico , nos toca descubrir cual es nuestra misión; el lugar especial para descubrirlo es la oración.

 

EVANGELIO DEL DÍA

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