Una sola radio, una sola misión

estamos al aire

MENSAJE DEL DIRECTOR

 

DOMINGO DE LA TRINIDAD

Pbro. Jorge Antonio Luna Casillas

 

HIJOS ADOPTIVOS

 

La palabra de Dios nos ofrece una imagen familiar para descubrir el vínculo, que nos une a la Trinidad: la adopción.  Ésta es una realidad, que nosotros en el ámbito humano conocemos bien.  Desde ella no será difícil ascender a otra adopción, mucho más profunda, que nos afecta a todos. ¡Descubriremos que todos somos adoptados!

 

Nuestra adopción se basa en el hecho de que el Hijo de Dios, Jesucristo, haciéndose hombre, nos ha tomado como hermanos, nos ha dado su Espíritu, nos ha unido a Sí Mismo como miembros  a la cabeza, haciendo de nosotros una sola familia.  En cierto sentido, las cosas se han desarrollado en orden inverso respecto a las adopciones humanas.  En estas últimas son el papá y la mamá los que adoptan y, si tienen hijos naturales, buscan ayudarles a éstos a acoger al hermanito o hermanita, que se les añade desde el exterior, a la familia.  Aquí al contrario, ha sido el hermano mayor, Jesús, que nos adopta y por el que “tenemos libre acceso al Padre en un mismo espíritu” (Efesios 2, 18), Hemos llegado a ser antes hermanos y después hijos, aunque ambas cosas hayan acontecido simultáneamente en el bautismo.

He aquí, por lo tanto, qué es ahora para nosotros la Trinidad: ¡nuestra familia! Gracias a la adopción como hijos, hemos llegado a ser “familiares de Dios”.  Los hijos adoptivos llegan a ser automáticamente herederos,  junto con el hijo naturales. Un hecho, a pensárselo bien, bastante sorprendente para la lógica humana.  No hemos  hecho nada, no hemos nacido de Él y lo hereda todo; todo lo del  Padre va para sus hijos, como lo dice la segunda lectura de la fiesta de la Trinidad:

 

“si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo”.

 

La Trinidad que celebramos, no es un misterio lejano, hemos descubierto mucho más, que ella es nuestra familia, por que la adopción divina crea un vinculo fuerte más fuerte que una simple adopción humana, el hijo natural posee la misma sangre del padre, la misma vida de la madre. No obstante, una vez nacido, lo que en un tiempo era la sangre del padre existe ahora en el hijo. El hijo puede vivir separado del padre y de la madre; para vivir tiene necesidad, después de nueve meses, de separarse de la madre y vivir por su cuenta. Si no lo hace, muere. No es así en el plano espiritul. Aquí la misma vida, el mismo Espíritu, discurren en nosotros y en Cristo. Y no sólo no debemos separarnos de él para vivir, sino que más bien dejamos de vivir y morimos sin estar unidos a Él.

Por eso podemos tener alegría de saber que somos hijos de Dios y recibir tanta  ayuda por parte de Dios y de la Virgen aun en los momentos de dificultades.

 

 

EVANGELIO DEL DÍA

Tweets de RM

 Whatsapp +(52) 133 3450-15-96 Teléfono +52 (33) 33-67-10-00

 

Calle Joaquín Angulo 1696 Col. Sta Teresita Cp 44600 Guadalajara, Jal. México